Vida ambivalente.

Has vivido ese momento de la vida en que hoy te sientes arriba que puedes con todo 

Y al otro día te sientes abajo



que no puedes con nada?!!!

Es un momento vital en la vida de todo guerrero y hace parte del camino.


¡Las cosas en mi vida iban de maravillas! Tenía un trabajo estable próspero y me había convertido en una empresaria exitosa.

Luego un viaje que sería uno de los más felices de mi vida lo cambiaría todo.

De estar en lo más alto a caer a un pozo 

Pero desde muy temprana edad aprendí a ver el lado positivo en todo y por experiencias ya vividas, tenía claro que el obstáculo siempre te muestra el camino y que cada adversidad es una señal de que grandes tiempos se avecinan.


Estos pensamientos de positivismo los inyectaba en mi subconsciente todos los días pero la situación se hacía cada vez más compleja y el verme sin trabajo por 2 meses seguidos comenzaba a afectarme. 

La depresión era una diosa déspota a quien yo había dejado fuera de mi vida hace más de 5 años. Durante todos estos años ella alguna vez intentó llamar mi atención pero yò no la ignoraba y ella desaparecía. Pues en mi vida ella ya no tenía un lugar,ese lugar que ocupò durante toda mi adolescencia. 

Cierto día desperté y me di cuenta que la diosa déspota de la depresión había invadido mi espacio. No entendía como era posible que se colara en mi vida otra vez. Ese día no pude resistirme y allí me encontré envuelta en las llamas de esta diosa despiadada que sumerge a los seres vivos en un pozo profundo de lamentos y angustias.

Ella te deja paralizado sin cuerpo sin alma y como un muerto en vida pone tu alma a penar.

Me levanté de la cama a preparar la comida para mis hijas y poner la casa en orden, porque un hogar siempre te da las fuerzas que necesitas para sostener en pie incluso cuando sientes que ya no puedes más con tus pesares.


Estaba ahí en pié conteniendo las lágrimas para que mis hijas no me vieran triste

Una madre nunca quiere que sus hijas le vean llorar


Yò estaba ahí de pie y de pronto me quedó paralizada sin decir una palabra sin mover ni un dedo y sin parpadear. Yo estaba ahí en cuerpo pero no en espíritu.


Me quedé….

Sin fuerzas

Me pesaba hasta el alma me moví por fin y 

caminaba lento como una persona mayor en su sublime vejez

Pero yo aún tenía 38 años y estaba así sintiéndome tan frágil como la vajilla fina que guarda mi abuela hace más de 50 años.


Mi alma estaba triste y sin fe.

En ese momento me di cuenta que el cuerpo siempre se mueve guiado por el alma,

 con mi alma enferma mi cuerpo no respondía como debía.



Tengo que ser fuerte esto no es nada, esto es solo un momento ya pasará

me repetía esto una y otra vez pero aún así mi rostro se veía demacrado y reflejaba una horrible melancolía, Mi forma de andar expresaba ese no puedo más.


La frustración y la decepción me estaban matando.


Solo quien ha vivido ese momento de desolación cuando las cosas no salieron como se esperaba

Puede entender esa sensación de derrota, de sentir que nada tiene sentido y la confusión de no saber que hacer para sentirse un poco mejor.



Me sentí como un castillo de arena a punto de derrumbarse.



Déjate caer mira el mundo desde el suelo

Luego impúlsate y elevate por encima.Tú eres un ser poderoso.Renacer.



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